martes, 5 de abril de 2016

Necesidad de contar algo. Necesidad de guardarlo y acumularlo también.
La elevación para el derrumbamiento. Pedaleo y escucho por sentirme vivo.
¿Qué sintieron cuando bebieron y tiraron tu semen? Proteínas, ADN, vida, en resumen.

Una manía fatídica más: miseria en mi última relación (solo un glande por adquisición).

Mi último ron que sea contigo. Sé que es mucho pedir a este aciago comportamiento.

Quisiera que me descargases en una ventana, y que saltara del ordenador a tu cuerpo –manera de pensar–. ¡Sería tu emulador!

Aún espero esa explicación, esa incertidumbre a errar, tu aliento a cerezas para charlar.

Me gustas, pero no quiero contigo; te quiero, mas no puedo contigo. ¡Ah! Suave licor eres.

Pides arte, mi toque de cinismo, nuestra fortaleza, un roce de frentes, ese empuje del principio, una marca de expresión, un polvo de los de siempre… Te reivindico. No pides amor, aunque te cansas del sube y baja del prepucio exterminador. ¡Pirulín volador! Nadie, excepto yo, te lo da y por eso crees no necesitarlo en tu bragueta. Pierdes lo básico, y nuestras raíces reclaman agua; ya mi voz se torna ronca de chillidos no emitidos, de cosas ocultas, de lo que temí haberte dicho, de la linda estatua de esfinge en la que me convertistes… ¡Cohesión! Ya no sé amar; todo mi amor le fue entregado. Fue dado a ese dulce parecer de hombre. Lamento la huida de mi cordura. Preocupación de un cumplimiento invicto por mantenerse. ¡Menuda piedra!

Y ahora, ¿dónde encontrarte puedo? Falta me hace la pizca de tu libertadora carcajada.

Jamais diré que digas nunca mais. Fallos en la conexión dicen que tu mente se acelera. Virus del sistema.

Tú, mi flor masculina, mi rosa negra, mi ceniza incandescente. Gato siamés, a ti intento hablarte, firme y elocuentemente –in albis–. Reflejos de un tropical maullido de madrugada por ti producido.

Somos un extra del principio. Pero siempre juntos, unidos como hermanos y locamente enamorados. Danzamos en la bañera, con los pubis, al escalón, por nuestra memoria.

Creo no haber elegido este parche, no poder escoger mi alfil, no arremeter contra la famélica anilla. Perdí el ritmo del sol claramente y conseguí un matón.

Abrazos, espalda dura, fibra sensible descendente, sudoroso cuello, manchas de  fogosidad… y como alternativa a las pajas destructoras del pene. Me reafirmo; lo he experimentado.

Te diré que para qué más, para no more. No te rindas. Academia del amor fundé (C/ Mesón), para así no perder la esperanza del amor eterno que amé. Testigo del olvido es en lo que me he convertido. “Tarde de cariño y horrores malqueridos” (así empiezo). ¡Revolución!

No puede ser que pase lo que no sabría que ser podía. Ignorancia. Golpes en el pecho.
Pido mi castigo al cielo, la cárcel del refugio. ¡Qué tal una trompeta por el trasero! Porfi. Y ahora, qué más da lo dicho… y otra vez a empezar sintiendo el tacto de lo intangible. Ciao.


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